En una pequeña villa de Lanzarote, llamada Teguise, habita el universo de Pillipo. Un peculiar artista que ha construido alrededor de su casa un universo personal de imágenes, figuras y visiones, que han ido conformando su especial manera de descifrar la realidad. En Teguise son muchos los curiosos y turistas que buscan un momento para buscar su peculiar jardín-museo y, por qué no, visitar al entrañable y sabio Pillipo.

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Ahora, gracias a la cámara de David Delgado y la muy estimable colaboración de Melchor López Pedro García, la figura y obra, pero sobre todo la persona de Pillipo, se ha visto reflejada en “Los Sueños al Viento“; un personal documental donde David Delgado une charlas con Pillipo e imágenes de su obra, y donde lo dota además de una visión poética y alegórica, que como el mismo San Ginés indica “intenta remarcar la importancia que el propio personaje le daba a los sueños, y a su pesar por haber perdido la capacidad de soñar, siendo arrastrados esos sueños por el viento que se menciona incluso en el título“.

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David Delgado es un realizador de Gran Canaria, de amplia y reconocida trayectoria, que inicia en los años 90 con el vídeo arte, y que prosigue como director, productor y guionista, en géneros como la ficción y el documental. Suyos son los cortometrajes “Aniversario de Nada” (2008), “Sueño Fronterizo” (2009), “El aire de un día” (2010), “Filmología imaginaria” (2011) o “La muerte de los héroes” (2013). También estrenó en 2012 el documental “Stipo Pranyko” sobra la figura y obra del artista del mismo nombre. Su último trabajo es el largometraje “La forma del mundo” (2017), presentado la semana pasada en la sección canaria a concurso del Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria.

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Siempre arriesgado, personal, íntimo y fuera de modas y tendencias, San Ginés nos ha vuelto a dedicar un rato para hablar de su muy recomendable documental “Los Sueños al Viento” (2015) , en esta interesante entrevista.

¿Cómo inician el proyecto y de qué manera conocen y se acercan al personaje?

A Pillipo no lo conocíamos personalmente, solo sabíamos de su jardín-museo. ¿Cómo no vas a pararte a ver su jardín si pasas por Teguise? Normalmente pasamos de prisa y corriendo por todos lados, sin detenernos a mirar, a observar las cosas de este mundo. Fue Melchor López el que se acercó a Pillipo para indagar sobre él y tantear su posible interés en dejarnos rodar una película con él. Su contacto no fue muy profundo porque el personaje no se te abre de primeras así como así, pero dejó las puertas abiertas a nuestra visita. Y así lo hicimos, pero no fue nada fácil entablar un acercamiento íntimo y cálido con él, resultándome imposible realizar las cosas tal y como yo había imaginado que hubiera sido la película ideal (bravuconadas de cineastas) Pero a cambio eso nos hizo esforzarnos en encontrar otras vías. Realmente no sé si lo conseguimos, pero personalmente puedo asegurar que Pillipo me atrapó y me enseñó, tal y como haría un verdadero maestro del espíritu, de esos que hacen que el alumno se esfuerce aunque reciba poco o nada debido a sus pocos méritos o a su exigua sabiduría. Quizás fue más importante el acercamiento y conocimiento de la persona que la propia acción de rodar una película, cosa peligrosa de decir si lo que estás presentando es una película.

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¿Por qué el título de “Los Sueños al viento”?

El título surge de los dos conceptos centrales que saqué en claro de nuestras charlas sobre las inquietudes de Pillipo, que eran los sueños, a los que daba una gran importancia y que en cierta forma le habían indicado parte de su camino y alimentado su pasión por, tal y como él nos decía, “imaginar”. Pero también nos transmitió su pesar por haber perdido la capacidad de soñar, de tener sueños lúcidos inspiradores, y eso le mortificaba o intranquilizaba. Yo interpreté que esos sueños perdidos estaban en el viento, susurrando la tierra de la isla, las rocas, las montañas, las nubes, y esperando para volver a su simiente. Por eso hubo un momento mágico en el rodaje, que se produjo cuando Pillipo nos dejó rodar por todos los rincones de su jardín museo, menos en los interiores de su casa, mientras él reposaba su mente después de su frugal almuerzo. En esos momentos yo no quise perderle mucho de mi vista, ya que aunque entró en el cuarto más cercano al modesto porche de su casa, no se ocultó, no cerró su puerta ni se recostó en el sofá ni en su cama, sino que se sentó en una sillón pequeño, descansando, pero mirando hacia la entrada, lo que era una manera de dejar que le viéramos y también de tenernos vigilados. Estando atento a él casi de reojo, vi que en un momento dado entró en una especie de leve sueño, cerró sus ojos, pero como si estuviera controlando su propio sueño. Me pareció muy poético, y no me resistí a dejar pasar esa oportunidad, y le grabé casi escondido desde detrás de una de sus estatuas. Lo hice con absoluto respeto, e imaginé que en ese momento, Pillipo al fin pudo recuperar parte de sus sueños. Y así intenté transmitirlo en el montaje. Así, sus sueños, vagando como estaban agarrados al viento, volvían a él gracias a eso que él tanto ama, la imaginación. Quise imaginar que le estábamos dando un poco de alivio, un poco de cariño, y que buscábamos esos sueños no sólo para nosotros sino también para él.

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Percibo un halo poético, a veces incluso espectral, que personalmente me remite al paso del tiempo y la muerte. ¿Fue una decisión previa dar con esa forma de transmitir o se fue dando según rodaban?

Partí de una idea preconcebida (y falsa) del personaje. La realidad te pone en tu sitio. El boceto o apunte de ideas, tanto técnicas como de contenido se fue diluyendo como un azucarillo, y tuve que ir adaptando esas ideas a las cosas que realmente estaban ocurriendo (adaptando, y para no abandonarlas del todo). En otras ocasiones era partir de cero, abrirse y estar atento. Un acto creativo en directo, un ahora o nunca, un obligarse a abrir los ojos y los sentidos. Pero tampoco te voy a mentir en otro sentido: el halo poético y espectral del que hablas forma cada vez más, parte de mi forma de hacer y de interpretar las cosas. Por eso procuro que los temas que abordo estén en cierta medida dentro de mis parámetros. En esto soy muy riguroso, y no se me apetece realmente meterme en proyectos que no operen en torno a ciertos parámetros. Es como si uno necesitara ser muy selectivo con lo que ha de hacer. Hablas del paso del tiempo y de la muerte, que viene a ser casi lo mismo, y sí, son también constantes en mis trabajos, ya sea en pequeñas dosis. Me atrae mucho, de forma natural, esos ingredientes. Con todo eso, la forma de transmitir se fue presentando, fue creciendo, invitándonos, pero exigió también una búsqueda sobre el terreno, aunque había una base previa, quizás endeble: austeridad, mayoría de imágenes rodadas directamente en blanco y negro con anotaciones puntuales en color, no entablar un diálogo de entrevista tipo pregunta-respuesta, intentar cierta mirada subjetiva desde el personaje o el mundo como él lo ve desde su asiento-aposento de una especie de rey en su reino perdido (pero esto creo que no lo logré, porque era una idea además de muy abstracta muy difícil de conseguir sin entrar en propuestas más propias de la ficción, tales como colocar al actor-personaje, colocar la cámara respecto a él, etc.). Por todo eso, lo deseado, lo imposible, lo realizado, lo escapado, sé que “Los sueño al viento” es una obra muy imperfecta, pero también, sin falsa modestia, es muy sincera y muy poco afectada por los típicos “defectos” de obras incluso poderosas. Pero debe quedar claro que es una película pobre en todo, y humilde en sus planteamientos.

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Me gustaría conocer tu modus operandi a la hora de retratar al personaje, tanto en este documental como en el de Stipo Pranyko. Creo que guardan cierta similitud al ser dos artistas que viven rodeados de sus obras, en un espacio particular y a su manera único.

Esta pregunta creo que la he podido responder en parte con mi respuesta anterior. Añadir que en en los casos que me preguntas puedo partir de una idea general del personaje, con más o menos datos sobre su vida y obra, pero siempre la premisa era la de respetar a la persona, no tratarla como a un actor, intentar captar detalles de su forma de ser o cosas cotidianas, como caminar, pensar en silencio, una mirada perdida, una reflexión no pedida por nosotros. En resumen, hacer que se sintiera lo más cómodo y natural posible (más fácil resultó con Stipo que con Pillipo).

Por otro lado, quizás la similitud de ambas obras y personajes sea, en primer lugar, mi propio estilo a la hora de abordar los problemas, las escenas y los personajes. Similitudes entre ellos podría ser esa cierta lejanía y soledad que transmiten, esa especie de calma que intentan darle a su mundo (construyen su mundo ideal quizá en contraposición al mundo real). Y aunque las obras de Stipo sean más luminosas, zen e intelectuales (pensadas) que los mundos casi surreales o de realismo mágico misterioso, casi temeroso e intuitivas o soñadas de Pillipo, en cierta medida guardan, es cierto, cierta y extraña similitud. Hay en ambos una búsqueda, un querer salir de la oscuridad para ver la belleza desnuda del mundo y la existencia, y cada uno utiliza un método diferente. Pero no hubo en mí una búsqueda consciente de esos temas ni de esas similitudes. Podría decir que fue todo una pura casualidad, o no. Ese es el misterio. Por otro lado hay que decir que Stipo tiene el “estatus” de artista, buscado además por él aunque haya huido de ese posicionamiento snob del mundo del arte. Es decir, hay un posicionamiento racional y unos conocimientos adquiridos y aplicados, además de la experiencia de la vida y un itinerario a través de las vanguardias artísticas europeas (estuvo en contacto con artistas que forman parte de la historia del arte contemporáneo). En Pillipo hay poco de esas cosas, todo es más natural, más salvaje, más intuitivo, primitivo y totalmente autodidacta, y además no tiene el estatus de artista ni ha estado dentro de escuelas o vanguardia alguna. Él crea su arte a partir de sus sueños, de su imaginación, como él dice, de su infancia, de sus miedos y deseos. Su obra es su biografía onírica, como si viviera la realidad como uno de esos sueños. Pero “Los sueños al viento” no es una película sobre un artista, sino sobre una persona. Aquí me río, ¡como si un artista no fuera una persona! En realidad, tampoco quise hacer con Stipo una película o un documental más o menos creativo y típico sobre un artista. Me gusta huir de los conceptos para crear los míos propios, así sea que me equivoque y me estampe contra el muro del silencio.

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Me gustan mucho los escenarios naturales de Lanzarote que retratan. ¿También fue una decisión previa de guión? ¿O se fue dando una vez allí?

Por naturaleza soy paisajista, necesito el paisaje para sentir y expandir, me parece el síntoma de la creación, en el paisaje está todo, lo grande y lo pequeño, lo general y lo concreto. Así que siempre voy a trabajar, y a vivir, teniendo eso en cuenta casi como base. En la película de Stipo fíjate que el paisaje es más interior que exterior durante casi todo el metraje salvo al final, en el que ya explosionamos hacia fuera, pero este se intuye todo el tiempo. En “Los sueños al viento” empezamos con un plano de paisaje, la premisa está clara, y es un paisaje que ya deposita el elemento del viento, y luego vamos mostrando poco a poco ese paisaje que en realidad es la mente del personaje, sus sueños e incluso es el alma, el corazón de la isla, y lo hacemos a partir del fraccionamiento de la narrativa desde el mundo de Pillipo. Siendo canario ¿cómo no tener en cuenta el paisaje? Cuando ruedo, aunque llevo una serie de paisajes como ideas, luego surgen otros si uno está en búsqueda, como era el caso.

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¿Pillipo pudo ver la obra final? ¿Opinó al respecto?

La verdad es que no creo que la haya visto, más allá de las fotos que hicimos o de algún extracto. Pillipo no tiene ordenador, ni televisión, ni teléfono y cuando rodamos con él no tenía ni electricidad, así que no podíamos enviarle un dvd o algo parecido para que la viera. Melchor López ha sido el encargado de mantenerlo informado de todo, ya que es el único de nosotros que vive en Lanzarote. Mi intención desde el principio era proyectar la película en su pueblo, y llevarlo a él de la mano, o al menos proyectarla en algún sitio de la isla correctamente equipado para tal propósito, pero lo cierto es que la película tampoco se ha visto en la isla. Es curioso que se haya podido ver en lugares tan distantes unos de otros como México, Israel, Granada o Lithuania, e incluso en todo el mundo vía online a través de un festival de ese tipo, pero que sin embargo la isla que posibilitó la obra, y el personaje que la protagoniza no hayan visto sus imágenes a través del haz de luz proyectado en una pantalla conejera. Es un dolor que tengo y que espero poder curar en breve. Pero Pillipo sí tenía una opinión de lo que estábamos haciendo, y era que no tenía ni idea de lo que hacíamos, por más que se lo explicamos. Él estaba contento con nuestra presencia porque podía hablar de sus sueños, pensamientos, reflexiones, inquietudes y encima mostrarnos sus creaciones, obras que según él las había hecho para darle algo al pueblo y al mundo, y lo único que quería era que nosotros las fotografiáramos todas para que el mundo las viera. Me gustaría que viera la película en su pueblo (él llego a ser proyeccionista ocasional del cine de Teguise) para que se sintiera cómodo, pero rodeado de gente, gente que quizás no le comprenda bien como ser humano ni como creador de sueños. Me puedo equivocar, pero creo que son más los residentes de fuera los que le tienen en consideración que los propios nativos. ¿Te suena eso a algo? Conocí allí a algunos ciudadanos nacidos en el continente europeo y que habían viajado por todo el mundo, que sentían un gran respeto, cariño y admiración hacia Pillipo.

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¿Proyectos futuros?. ¿Planes de volver a hacer ficción?

Este año 2017 quiero presentar el último proyecto, “La forma del mundo”, en el que he estado trabajando algunos años, así que ese es el futuro inmediato, porque los proyectos una vez realizados tienen que ser queridos y mimados, hay que darles una oportunidad para que puedan expresarse, y hay que poner tiempo y trabajo en los mismos. Así que por ahora no me voy a volver loco buscando un proyecto nuevo, porque este actual aún es un desconocido. Además, es un proyecto que lleva asociadas varias obras. Espero poder hablar o reseñar algo de él de él en breve (en mi blog se puede leer algo).

Lo de la ficción no sé qué responderte, porque llevo unos años intentando ver qué debo hacer, intentando definir mi estilo o mis necesidades, y sinceramente he estado cómodo haciendo películas documentales que no son del todo documentales y que sin embargo tienen bastante de películas. Estamos tan encasillados en conceptos que es como si todos debiéramos hacer lo mismo. Yo admiro a gente que hacen cosas muy buenas un poco fuera de lo académico, de lo estándar, o que buscan conexiones entre lenguajes diversos. La vida creativa quizás no sea tan larga como creemos, y por eso la gente que tenemos alguna inquietud un poco “desviada” de la corriente general debemos intentar no omitir esa inquietud, esa llamada del loco interior. Dicho lo dicho, en el último proyecto he incluido un episodio de “ficción pura” que ocupa una parte importante del metraje, y además con una realización poco efectista, que he intentado que pivote entre los personajes y situaciones reales, quizás como contrapunto, bien como apoyo o tal vez como si fuera la “hora del recreo”. Realmente es algo que no formulé aposta desde cero, sino que surgió mientras elaboraba el proyecto y el pre-guión, surgió y lo adopté. A ese respecto no sé lo que haré en el futuro menos cercano, siempre vivo en la incertidumbre creativa, y también en la existencial y material. Estoy aprendiendo, y todo me sirve para aprender, y realmente, y aunque ya esté muy manido decirlo o tirar incorrectamente de la expresión del pobre Sócrates, no sé nada sobre nada, pero no sé de verdad, no es que sea irónico, es que realmente me siento un analfabeto en todo, a cada paso que doy en pos de algo me convierto un poco más en un pequeño ignorante, soy como un niño con pañales que lo va ensuciando todo, y que intenta asirse a algo mientras observa asombrado el mundo en el que ha caído, un mundo que le parece nuevo pero también extrañamente familiar.

Nota: A la fecha de la publicación de esta entrevista, David Delgado ha presentado y estrenado su largometraje “La forma del mundo” en el Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria.

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